Instagram torna la pasión por la comida en una profesión

Al igual que muchos usuarios de Instagram, Natalie Landsberg, Gillian Presto y Emily Morse publicaban a menudo fotos de lo que comían.

Sin embargo, cuando su cuenta conjunta, @New_Fork_City, se popularizó y alcanzó casi 500.000 seguidores, empezaron a recibir comida gratis, trabajos como “curadoras” de comida en festivales de música y una oferta para crear su propio sabor de masa para galletas.

Las tres jóvenes de 19 años, quienes crearon la cuenta cuando todavía asistían a la secundaria, están ahora en la universidad y sus modestas ganancias por Instagram no alcanzan para cubrir sus matrículas.

No obstante, sus padres gastaron casi US$15.000 para registrar el nombre New_Fork_City y crear una sociedad de responsabilidad limitada, “así que más adelante, si hay una oportunidad para idear un plan de negocios, la compañía ya está establecida”, explica el padre de Gillian, Michael Presto.

Estos son los profesionales gastronómicos de Instagram, que son cortejados gracias a sus cientos de miles de seguidores y sus elegantes, y a veces excesivas, fotografías. Algunos han convertido sus cuentas en profesiones de tiempo completo o parcial, ganando hasta US$350 por publicar una imagen atractiva, mientras que otros han aprovechado sus destrezas en los medios sociales para conseguir comidas gratis o trabajos de relaciones públicas.

“Hay personas que deciden adónde ir a comer según su feed de Instagram, y ese es un hecho que nosotros en la industria de de hoteles y restaurantes simplemente no podemos ignorar”, asevera Helen Zhang, directora de estrategia de medios de LFB Media Group, una agencia de relaciones públicas que trabaja con restaurantes como Stanton Social y Casa Nonna, ambos de Nueva York.

Olivia Young, directora de marca y comunicaciones de Altamarea Group, que opera restaurantes como Vaucluse y Osteria Morini, dice que la empresa ha empezado a invitar a algunos usuarios de Instagram para que prueben platos y planea remunerar a algunos para que suban fotos.

“Comemos con nuestros ojos”, enfatiza Young. “Por un par de cientos de dólares para un usuario, potencialmente voy a tener 500.000 personas viendo brunch en Morini”.

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Una fotografía publicada en la cuenta de Instagram de Nicole Cogan muestra un plato sin gluten del restaurante The Meatball Shop. PHOTO: NICOLE COGAN
No todos alcanzan el éxito tan rápido. Los que lo logran cuentan que publican fotos al menos una vez al día y muchos ocuparon un nicho, como alimentos sin gluten o brunch.

Otros interactúan con sus seguidores al pedirles que suban fotos, lo que les permite disfrutar de una breve fama en Instagram. Morse y sus dos amigas pasan una hora al día buscando entre las fotos que reciben, explica.

Una fotografía atractiva es crucial: muchos aficionados a la gastronomía en Instagram dicen que buscan un equilibrio entre tomas artísticas desde arriba e imágenes evocativas de “pornografía alimentaria” como helado que se derrite o yemas de huevo rebosantes, que suelen generar la mayor cantidad de respuestas.

Estos emprendedores de Instagram operan en un área gris entre la independencia y la promoción, entre degustaciones editoriales y relaciones públicas. Cada cuenta tiene sus propias reglas, que pocas veces se revelan a los seguidores. Algunos no aceptan pagos ni comida gratuita, otros reciben comida pero no dinero, mientras que otros sólo publican fotos por una tarifa. Muchos advierten que no son críticos gastronómicos.

“Es el Viejo Oeste”, dice Andrew Steinthal, cofundador de The Infatuation, un sitio de comida con una aplicación y más de 424.000 seguidores en su principal cuenta de Instragram.

Nicole Cogan, quien administra un sitio web y la cuenta de Instagram @nobread, que rastrea opciones sin gluten en Nueva York y otras ciudades, exige en general una comida gratis antes de publicar una reseña o una foto, dice.

Cogan, de 26 años, dejó su trabajo en finanzas el año pasado para concentrarse en su sitio, pero cuando sus seguidores en Instagram superaron los 45.000, la cuenta pasó a ser su enfoque principal. No publica reseñas o fotos negativas, incluso después de una mala comida, ya que considera que se asocia con los restaurantes.

“Tal vez decidiré usar mi voz un día para decir: ‘No me encantó’”, cuenta. “En este momento estoy feliz con mi postura y mi filosofía”.

Después de incluir su cuenta de Instagram, @eatingnyc, en su currículum, Alexa Mehraban, de 24 años, fue contratada por la firma de relaciones públicas Bullfrog + Baum. Entre sus responsabilidades figuran gestionar sus iniciativas de alcance en Instagram.

En una cena para “influenciadores digitales” organizada el mes pasado por Del Frisco’s Grille en Nueva York, ella y otros usuarios de Instagram se pararon sobre sillas y se tomaron fotos mientras los comensales miraban con curiosidad.

Sus amigos pueden perder la paciencia con tales rituales y las estrellas de Instragram los entienden. “Es un espectáculo”, reconoce Mehraban.

Parte de las críticas a la tendencia de la pornografía de alimentos en Instagram ha venido de otros usuarios de la red social.

“Realmente se ha transformado muy rápidamente en algo que es casi demasiado masivo”, opina Elyse Miller, de 25 años, quien tiene más de 10.500 seguidores en @trendsontrends. “Muchas personas creativas aún aman Instagram, pero pronto van a estar buscando otro medio más de nicho”.

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Instagram torna la pasión por la comida en una profesión

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