Educación financiera: una decisión impostergable

Una mala decisión financiera puede determinar el nivel de bienestar y de calidad de vida de las personas.

¿Será necesaria la presencia de una crisis financiera para que los países y sus gobiernos se convenzan de la importancia de la Educación financiera? Para algunos, sí.

La crisis financiera internacional del 2008 tuvo consecuencias devastadoras para la mayoría de los ciudadanos, y muchos países decidieron desarrollar políticas públicas de educación financiera que abarcaran todos los segmentos de la población, implementando programas y estrategias orientados hacia la formación financiera de sus ciudadanos, con el fin de protegerlos frente a los efectos de futuras crisis financieras.

La crisis del 2011 exigirá a los gobiernos que no se habían tomado en serio el tema, acciones concretas.

¿Por qué se necesita la educación financiera?

Porque una mala decisión financiera puede determinar el nivel de bienestar y de calidad de vida de las personas, quienes desconociendo los riesgos en los que incurren, siendo inversionistas sofisticados o depositantes de a pie, muchas veces exponen su patrimonio o su futuro tomando decisiones apresuradas y desinformadas.

Sin embargo, esta no es la única razón.

Las crisis financieras, como la sistémica internacional del 2008, 2011 o la reciente crisis de la Zona Euro, así como una crisis hipotecaria o la caída una comisionista de bolsa local, como Proyectar Valores o el Factor Group, son hechos que también repercuten negativamente sobre el bienestar y la tranquilidad de las personas.

Las cifras hablan por sí solas. Me gustaría compartir información que ilustra algunos de los efectos que han tenido los recientes eventos financieros sobre el nivel de bienestar de los ciudadanos de a pie.

De acuerdo con cifras del Fondo Monetario Internacional, la tasa de desempleo en Estados Unidos pasó del 5,79% en el 2008, al 10,11% en el 2009, mientras que en la Unión Europea pasó del 7,56% al 10,13% durante el mismo periodo, hecho acompañando de un déficit fiscal del 11,3% y del 6,3% respectivamente.

En adición, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, el impacto de la crisis financiera sobre los recursos ahorrados en los sistemas globales de pensiones fue de 5.4 trillones de dólares, monto que representa una pérdida de una quinta parte de los activos pensionales totales.

Colombia no fue ajena a esta situación.

A finales del 2008 , el país vivió una crisis que no provino del deterioro del sistema financiero, sino de la falta de información y de educación financiera de los ciudadanos, entre otras cosas, hecho que se tradujo en la crisis de las pirámides financieras.

Estos esquemas ilegales de captación de recursos del público dejaron tendidos en la arena a miles de ciudadanos incautos a lo largo y ancho del territorio colombiano.

Las pérdidas que registraron los cerca de 500.000 usuarios de DMG, DRFE, entre otros, alcanzaron valores superiores a 2.5 billones de pesos, según los gobernadores de los departamentos afectados.

Al final del proceso de liquidación, los clientes recibieron sumas irrisorias y perdieron cantidades enormes de recursos que, en algunos casos, representaban los ahorros de toda una vida.

El Superintendente Financiero, hace unos días nos informo que seguían apareciendo pirámides financieras y nuevas modalidades de captación ilegal. Estas modalidades, según datos oficiales superan los 300 casos durante los últimos tres años en Colombia.

¿Por qué pasa eso? Las respuestas son variadas y de todo tipo, pero es claro que la mayoría de las personas o inversionistas no calculan los riesgos de su inversión. ¿Por qué habrían de hacerlo?

Porque supuso posponer proyectos de vida para siempre. Sin embargo, la pregunta correcta en este caso sería: ¿cómo lo hubieran podido hacer bien? La respuesta es sencilla, a través de la educación financiera.

Es claro que la educación financiera no evitará que aparezcan pirámides ni que los dueños de las entidades financieras asuman riesgos exagerados que pongan en peligro su estabilidad.

Pero lo que sí hace es dotar al ciudadano de conocimientos y competencias que terminan cambiando su comportamiento financiero. Al desarrollar este tipo de conocimientos, el ciudadano estará en capacidad de tomar mejores decisiones que redundarán en su bienestar particular y, en últimas, en el de la sociedad en general.

No todos los países han tomado cartas sobre este asunto.

Sus políticas frente a este tema no variaron y las cosas se siguen haciendo de la misma forma.

La educación financiera se viene desarrollando de acuerdo con los criterios de cada entidad, pero los gobiernos no cambiaron su accionar frente al tema. Estos países están esperando a que llegue la próxima crisis financiera con sus devastadoras consecuencias, para plantearse la urgencia impostergable de adoptar una política pública para promover la educación financiera entre los ciudadanos.

Fuente:

Educación financiera: una decisión impostergable

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